
Un borracho se recarga en mis hombros mientras en su mano sostiene una caguama.
Me habla entre sus risas, muy pegado a mi oído.
Como buen borracho, solo hay dos temas de los cuales puede hablar: Mujeres y el sentido de la vida.
¿Porqué será que cuando estamos ebrios solemos hablar de estos dos temas?
En esta fiesta, el tema de conversación con el borracho es el segundo.
Me habla de los deseos que tenemos, que esperamos lograr para ser felices.
Me dice que las cosas no son así, no se puede esperar a lograr nuestros deseos o metas para ser felices.
Debemos ser felices hoy, ahora, ya.
Me quejo de que no tengo trabajo, de que se me esta acabando el dinero, de las broncas con la familia, de la falta de novia (en ese entonces)... de una enorme cantidad de situaciones que me alejan del bienestar, y me mantienen a kilómetros de lo que como yo quisiera estar: al máximo nivel de una persona.
El borracho insiste: No puedes esperar a que TODO esté como tu quieres, para ser feliz y disfrutar. Tienes que disfrutar ahora de lo que hay.
Ahorita hay cerveza, disfrutala conmigo. Mañana no habrá cerveza, ni estaré yo aquí.